Ana Basilio

Rehén

 

A Dafne

 

 

No veas al cielo mamá, en el cielo se perdieron los tiburones y ya no pueden salir.

En el cielo se ahogó dios

se erigieron los colores.

 

 

Papá vive bajo el agua, se pone tan rojo que a veces yo también olvido respirar.

Se pone tan frío que a veces pienso que él es un tiburón.

Y se llama miedo, mamá, lo miro con los números de las lunas que existen en tu cuerpo.

Las toco y cuento los pétalos de mi boca para memorizar cuánto nos parecemos tú y yo.

Tú y yo, mamá.

¿Recuerdas cuando te dije que los poetas en realidad son profetas?

Profecía de trinos para maldecir a la vida.

Cada vez que escupen no saben si será ritual de girasoles o blanco fácil de dagas,

escupen su sangre por las calles dictando las rotaciones del sol.

Les duele la nuca y siempre están buscando un colibrí que los destruya.

Mamá, ya no escribas nada.

La última vez que hiciste un verso con mi sombra

tu estómago se llenó de dragones,

salían y entraban de tu boca para moverte los dedos

moviste los dedos y nací entre las risas de un cometa

te vi acostada en el jardín de la universidad

te vio tan pura y solitaria que convocó a los colibríes para ver tus ojos

tenías diecinueve años, y puedo jurar que la ciencia reescribía nuevos mundos por tus ojos

que los geógrafos aún sueñan por contar una vez más los huecos de tus manos

que la ciencia aún existe porque sigues mirando el abismo

y que dios conserva a Babel debajo de tu lengua

para cuidar al futuro de tus dragones.

 

****

Mamá le prestó sus voces al bosque

salgo de noche encorvada de algunas nubes que puse en mis párpados

para formar un lago de aves en su vientre y multiplicarme en treinta y tres peces

pero Cristo sólo me da abejas,

me coronó con sus aguijones en la frente porque seré por siempre la bendita

la que sobrevivió a la piel de mi madre

la niña infinita,

soy

lúgubre vestigio de mariposas

al son del bule bule

maldigo tu nombre cien veces Apolo

por mi madre que se deshizo en la cama de un quirófano

y oye nuevamente la lluvia de sangre caer

como cometas o dragones

como mariposas del volcán

mientras los doctores la sajan como róbalo muerto

oye los nombres de algunas flores marchitarse

toma la raquídea para clavar en sus ojeras

zanjas de cirujanos al ritmo de Paranoid

acaricia con sus grandes ojos la posición de las hojas

toma mis manos de ángel minusválido

y vacía cada noche las botellas para poder ver el mar

donde maldigo tu nombre cien veces, Apolo.

 

****

 

Papá quería ser poeta, pero te miró a los ojos.

Papá quería ser feliz, pero te besó la frente y todo se hizo de magma.

Pinté la noche en la punta de sus pies, para dormir en medio de ustedes.

Nací y me nombraste Sabancaya.

Aprendí el abecedario de las petrificaciones y escribí debajo del agua la poesía que guardé en mi estómago.

El segundero es el barco atascado de moluscos.

Pesa su ser para llegar a mirarse.

Bésame también la frente, madre, ahora que la carne fluctúa como regalo.

Prestarse al olvido es parte del diluvio

que llena mi vida de piedras en llamas

atrapada en el binarismo de tus ojos

pronuncio palabras colores

pero sólo digo rosa, rosa, rosa

rosa me vas a llevar al ver caer por cantarte te amo.

Llena de gatos la casa

pinta con crayolas todas las canciones que ya no canta

regálale las abejitas que cuelgan de mi rostro

olvida que el universo nace de tus labios.

 

Mamá, dile a papá que no se vaya.

 

 

 

 

 

 

a.b.

Ana Basilio